Considerando tu lugar en el mundo

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Luz Mara Sande es mi colega y amiga y desde su propia experiencia en el camino de propósito así como inspirada en su trabajo con mujeres, escribe este artículo que les compartimos:

"El mayor bien que podemos hacer por el otro no es solo compartir nuestras riquezas sino revelarles las propias". Benjamin Disraeli

"Para mi, el trabajo es solo trabajo", me dijo hace muy poco una mujer en uno de mis Círculos de Transformación®.

Sin intención de emitir juicio alguno con respecto a la manifestación verbal de sus creencias, quisiera expresar mi visión con respecto a esta mirada sobre el trabajo, que tiene su raíz en mi propia historia...

Sin que nadie me lo dijera y sin haberlo escuchado en ningún lado, desde muy niña sentí el disfrute de expresar mis inquietudes a través del hacer.

Con tan solo 6 años empecé mi primer súper mini emprendimiento: un kiosquito de artesanías a través del cual manifestaba mis deseos a dos artesanos de Colonia (el hermano de una amiga y una amiga de mi hermana). Como por arte de magia, mis ideas se transformaban en productos reales que vendía a los turistas que los elegían felices como recuerdo de su visita a mi mágica ciudad natal. Siempre digo que admiro la libertad que mis padres me daban para crear y dar rienda suelta a los deseos de mi corazón.

Los años fueron pasando y empezaron a crecer las responsabilidades. El transcurrir de la vida inevitablemente me obligaba a elegir qué hacer de mi vida. Empecé una carrera casi por descarte, y simultáneamente, un deseo de mi corazón me llevó a iniciar una segunda: la carrera docente. El contraste me mostró que una llenaba mi alma... y la otra no.

Así fui recorriendo mi vida...haciendo elecciones entre múltiples pasiones e intereses. Sintiendo en alguna parte de mi cuerpo que había algo que hacer, algo que decir. Sintiendo en alguna parte de mi alma una inquietud, una sensación indescriptible de la que nadie nunca me había hablado. Iba recorriendo mi camino dando lo mejor de mi, hasta que sentía que el ciclo se cerraba e iniciaba un nuevo camino.

Alrededor de los 43, evidentemente pronta para una expresión más plena y completa de mi propósito de vida, se apagó la luz. Falleció mi madre y la necesidad de descubrir con claridad mi propósito de vida se hizo urgencia. Y una nueva decisión marcó el siguiente rumbo de mi vida.

Soltar. Soltar lo conocido, lo seguro, lo que mi brújula interna sabía que no era parte de la siguiente mitad de mi vida. Impregnada de un compromiso manchado de terror pero lleno de urgencia, convicción y entrega, me embarqué en un viaje para abrazar lo poco que sabía y descubrir lo mucho que junto a Dios podía. Así nació el propósito más transformador de mi vida: mi trabajo de poner "luz" en la vida de las mujeres acompañándolas, inspirándolas y guiándolas a descubrirse, encontrarse y transformarse para despertar a una vida consciente y más plena. El mismo trabajo en el que mi propia experiencia de vida me dio maestría y me sigue testeando.

Venimos de generaciones de inmigrantes para quienes el trabajo de sol a sol era la salida al hambre y la privación. De hecho, esa es la historia de mi propio padre, un inmigrante gallego que salió de su tierra natal a los 13 años buscando una vida mejor.

No reniego del trabajo duro; por el contrario, siento que el compromiso, la perseverancia, la entrega y el dar lo mejor de nosotros mismos en cualquier tarea a la que nos aboquemos es una verdadera fórmula de crecimiento (aunque no necesariamente de plenitud). Solo discrepo con la visión del trabajo como una actividad durante la cual la vida se suspende para retomarse cuando finaliza el horario laboral. Invertimos demasiadas horas trabajando como para padecerlo: entre idas y vueltas, pasamos más de la mitad de nuestro día "útil" trabajando. Por eso sueño con que más y más personas puedan descubrir lo que aman y empezar a desterrar el concepto y la vivencia de que es un lujo reservado para pocos.  

Creo firmemente que el trabajo es una expresión de quienes somos, la integración de nuestra esencia, dones, habilidades, conocimientos y experiencia unidos en el hacer. Y creo también que, como sucede en la naturaleza, cada uno de nosotros tiene un lugar único en el mundo: una manera especial de ver, expresar, sentir y hacer.

Te invito a considerar tu lugar en el mundo. A descubrir el amor en lo que hacés hoy, sin dejar de escuchar si tu alma está clamando por algo más. Y a descubrir qué te hace única/o para iluminar tu mundo y llevar tu luz conscientemente a dondequiera que vayas.

Luz Mara Sande

Para informarte sobre el próximo taller de propósito dirigido a mujeres (en Uruguay) click aquí

registro31agosto

Angela María Peña Luque

Catalizadora de procesos de
cambio y renovación
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